Teóricos de la indignidad

Cuando se cesa a un entrenador se producen cambios tácticos y anímicos para intentar despertar al equipo aletargado. Muchas veces da resultados, pero mi problema es cuando, desde dentro, se abusa de las teorías. Pocas cosas me producen más desprecio que los "ahora...". "ahora entrenamos más", "ahora el entrenador nos habla mucho", "ahora no recibimos tantos goles ingenuos".
Cada comentario lleva implícito un reproche al anterior entrenador.

Después del triunfo del Madrid en Mallorca, Heinze realizó una declaración que retrata a un jugador maduro: "Esta reacción no es para tirar cohetes y, además, debemos respetar al anterior entrenador".
Una opinión digna que me reconcilió con los buenos profesionales y aumentó mi desprecio hacia los jugadores ventajistas.


[17 de Enero de 2009]

¿Patito feo?

A Cristiano Ronaldo se le están acalambrando los brazos de tanto levantar trofeos. Esta semana fue la FIFA quien honró su sobresaliente temporada.
Hasta cuando se sube a los escenarios Ronaldo parece una postal futbolística. Su cuerpo está hecho para jugar al fútbol: presencia en su altura, fuerza en sus músculos, agilidad en su figura estilizada... es hasta guapo.
A su Lado, Messi parece el patito feo. En eso también reside lo apasionante del duelo entre estos dos grandes talentos. ¿Le quitará el patito la novia al cisne?.


[17 de Enero de 2009]

Bajo el sol

Maradona recomienda a Agüero que se vaya al Inter y para mí es como aconsejarle a un gran talento musical que se especialice en música militar. Italia es el universo de la táctica y la táctica es enemiga de los jugadores originales. La táctica es gregaria, sistemática, esforzada...
Diego fue capaz de desafiar desde el Nápoles el poder de esa cultura, pero él era excepcional y, por tanto, no se le puede considerar una unidad de medida. Sería un signo de inteligencia que Agüero se quedara bajo el sol de España, disfrutando de un fútbol que favorece la expresión de los jugadores diferentes.


[17 de Enero de 2009]

Robben o el extremo

Como desde su llegada al Real Madrid Robben tuvo siempre un pie en el campo y otro en el hospital, no pudimos medirlo en toda su dimensión. Esa falta de continuidad nos impedía disfrutarlo porque a veces no jugaba y otras, siendo titular, le faltaba ritmo de competición. Ahora lo hemos comprobado, jugando cinco partidos seguidos es un jugador que le cambia la velocidad al partido y nos libera la alegre ilusión que siempre provocaron los extremos.
Se le acusa de dar siempre un paso de más siempre con la pelota en los pies, pero lo que importa es que es desequilibrante y no hay que olvidar que, sin futbolistas de ese estilo, no hay equipo grande.

Robben es de esos jugadores que ponen nerviosos a las dos aficiones. A la propia, porque tiende a retorcer las jugadas, y a la rival, porque le ven como una amenaza permanente. Yo siempre doy más importancia a las sensaciones del enemigo. Un chupón, de acuerdo, pero que agita los partidos y los pone en otra dimensión.
Con la llegada de Lass el Madrid va a encontrar una mayor estabilidad defensiva, pero la construcción del juego seguirá siendo pesada al carecer en el centro del campo -si no está Guti- de imaginación y velocidad de ejecución.


PENSAMIENTO COLECTIVO. Hay que valorar algunos progresos desde la llegada de Juande: empezamos a ver un equipo con la buena actitud de siempre, pero más ordenado y con las ideas más definidas. Empieza a haber un pensamiento colectivo.
Un bloque de esas características necesita un loco y que nadie lo vea como una descalificación porque, en la historia del fútbol, los jugadores que se ganaron ese apelativo pasaron a ser inolvidables. Eran, casi sin excepción, extremos.
Como el fútbol es cada día más lógico, el tiempo fue expulsando a los Garrinchas de este mundo. Por esa razón, cuando Robben aparece en el partido, desata el entusiasmo de los jóvenes pero también la nostalgia de los mayores.

La moda es cambiar de banda a los extremos: zurdos a la derecha y diestros a la izquierda. En Robben eso tiene dos efectos. Uno bueno, porque dibuja diagonales mortales que limpian el camino y terminan en tiro con su pierna más confiable; y uno malo, porque se enreda en desbordes confusos y, al quedar perfilado para la pierna menos hábil, le cuesta descargar la jugada. Cuando tiene que resolver con la pierna buena, mira al horizonte mientras maniobra. Cuando se trata de la mala, de tanto mirar al balón para asegurar la resolución de la jugada, pierde de vista a sus compañeros.

Cuentan que en un entrenamiento donde se trabajaba el desborde y el centro para la entrada de un rematador, la pareja de Robben le entregó el balón siempre mal: a veces muy atrás, otras muy adelante. Cuando Robben le reclamó más precisión, el compañero convirtió sus errores en una lección: "¿Ves?, ésa es la sensación que tengo yo cuando tú centras en los partidos".


EJEMPLARES ÚNICOS. El día del Villareal bastó con que Robben se enredara en una jugada para que el aficionado impaciente de siempre le gritara "¡Suéltala antes!". Aquellos menos expresivos no lo dijeron, pero seguramente lo pensaron.
En ese momento entendí que todos somos responsables de la desaparición de los ejemplares únicos. Solemos acusar al deseo de control de los entrenadores como primeros responsables de la devastación de los extremos, pero como son mayoría los aficionados que se sienten más tranquilos con los jugadores previsibles, esto se está llenando de cómplices.

Sin embargo, sin las travesuras de Robben -una de ellas culmina con un gol brillantísimo-, el primer tiempo del Real Madrid frente al Villareal se hubiera quedado en poca cosa. Pretendemos que los riesgos que asumen los jugadores diferentes salgan bien siempre, como si un partido fuera un resumen en el que sólo vemos jugadas concluidas.


[10 de Enero de 2009]

El Maradona del sigo XXI

Sólo Messi es capaz de convertir un partido entero en un resumen. Sus intervenciones son imprevisibles, deslumbrantes y útiles. Es un extremo de toda la cancha, que esta semana protagonizó una actuación tan deslumbrante frente al Atlético que la Copa del Rey pareció una competición seria.
Hizo tres goles, le hicieron dos penaltis -aunque se pitara uno- y sólo le pararon fuera del reglamento. Maradona, que estaba en el campo, reconoció a un igual. No exagero.

Si la fatalidad no mete los dedos, Messi será el primer rey del siglo XXI. Protegerlo es responsabilidad de todos. De los árbitros, que tienen que cuidar sus piernas; de los periodistas, que califican como un acto de indisciplina un retraso de Iberia a la vuelta de Navidad; y de los aficionados que no pueden pretender que Messi sea Maradona cada vez que toca el balón. Entre otras cosas, porque tampoco Maradona era siempre Maradona.


[10 de Enero de 2009]

Un crack invisible

El domingo Sneijder realizó un partido completísimo, pero las miradas estaban entretenidas en Lass, Huntelaar y Robben. ¿Por qué será que a Wesley Sneijder no se le aprecia en su justa medida cuando redondea actuaciones notables y continuas?. Porque, cada día más, el fútbol se mide por impactos. Una gran jugada aislada o un jugador novedoso tienen más poder de seducción que un aporte constante.
En un equipo donde los centrocampistas son ofensivos o defensivos, Sneijder va y viene. No tiene mucho quite, pero sabe ocupar lugares desde donde interrumpe líneas de pase y da combate. Cuando su equipo tiene la pelota contribuye con un alto número de intervenciones, capacidad de asociación en corto y en largo, frecuentes llegadas al área y facilidad para encontrar su excelente tiro.
Un buen día hará una jugada espectacular y nos acordaremos de lo bueno que es. Luego volverá a ser invisible porque nos hemos acostumbrado a él y, sobre todo, porque en lugar de hacer jugadas, juega.


[10 de Enero de 2009]

El nuevo y el viejo fútbol

El fútbol, como los directivos que lo gobiernan, es conservador. Pasar de un año a otro es como pasar de página, pero conviene no crearse muchas expectativas: la página que viene será muy parecida a la que acabamos de leer.
En los último años, algunas de las grandes fortunas que recalaron en el fútbol modificaron la relación de fuerzas, fundamentalmente en la Premier. Primero fue el Chelsea quien se posicionó como nuevo grande de Europa, y el último es el Manchester City, que tiene intenciones parecidas.
Ese dopaje financiero (dinero que el fútbol recibe pero no produce) alteró las reglas de la competencia y evidenció el protagonismo cada día mayor del dinero (negocio, comercialización, marketing, son términos que le resultan odiosos al aficionado común).
Pero los nuevos factores económicos transformaron el mapa futbolístico aportando al menos una sensación de cambio. Era sólo una cuestión de tiempo que el desembarco de ricos se produjera también en el fútbol español italiano, francés o luso. Sin embargo, la crisis también afecta a los millonarios y la sensación es que esa tendencia se va a detener en seco. Nos espera un fútbol inmóvil.


CREAR ILUSIONES. Quizás sea mejor así. Porque si algo está dejando claro el mercado de invierno es que hay más clubes dispuestos a gastar dinero, que jugadores que justifiquen ese gasto. Suramérica y África vendieron todo lo que tenían y sólo les queda el talento de saldo; los grandes clubes europeos blindan a sus mejores jugadores porque son su signo de distinción, y los equipos medianos tasan a precios desproporcionados a cualquier figura emergente.

Los periódicos anuncian con letras grandes a los jugadores comprados, pero no hay relación entre el tamaño de los titulares y la calidad de las novedades. La necesidad de crear ilusiones desata el deseo de consumo, pero ocurre como con los zapatos, una vez que los usamos tres veces dejan de parecernos fascinantes y ponemos nuestro interés en otros.
El dinero gastado habrá servido para tres portadas y para tres partidos, una contraprestación ridícula para tanto dinero gastado. Tampoco en este apartado, que es el fundamental, vamos a encontrar cambios que modifiquen el fútbol.

Lo que sí se va a mover es el mercado de los entrenadores, pero eso forma parte de la normalidad. Se ficha a un nuevo entrenador para renovar el valor de los recursos existentes. Un solo hombre que actúe sobre el todo. Es como barajar y dar de nuevo: un suplente salta a la titularidad, un titular cambia de puesto, todos se sienten motivados por el deseo de exhibición ante el nuevo entrenador, y de esa agitación se espera el milagro.
Si se van ganando partidos se potencia la ilusión y el nombre del nuevo entrenador; si se pierden, todos parecen peores de lo que son y la sensación es que hay que cambiar la baraja entera. Esto es más viejo que el fútbol, así que tampoco por aquí esperemos la revolución.


UN CUENTO DE 90 MINUTOS. Como pueden ver, el 2009 será insoportablemente parecido al 2008. Pero, tranquilos, porque el fútbol será idéntico a sí mismo y eso asegura la diversión, la pasión, el asombro.
Estamos ante un juego que se renueva cada semana, y que ofrece la posibilidad de que un gran talento nos descubra una belleza nueva, o de que once talentos dibujen con una balón una irrepetible otra arquitectónica, o de que miles de aficionados provoquen en el equipo un contagio anímico arrasador...
Un juego en el que pasan muchas veces cosas que es imposible que pasen, porque nadie desentraño aún su misterio último: la extravagancia de su comportamiento , que tristezas y alegrías como bodas. Un juego que es un cuento de 90 minutos con final imprevisible y cada día mejor contado por las cámaras de televisión.

Pasemos la página de un nuevo año para comprobar que todo será como antes: rutinario y maravilloso.


[3 de Enero de 2009]

 
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